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sábado, 20 de marzo de 2021

El vaso medio lleno o medio vacio


Por Alberto Enrique

¡Qué! ¿Cómo estás, y los viejos? -¡En la casa!- fue la breve respuesta escuchada… y se quedaron conversando con su nasobuco y todo, en medio de la acera. Son saludos entre amigos, como relámpagos pero afectuosos, lo de viejos o viejas son giros muy cubanos para referirse a los padres.

Aquello  dio vueltas por mi mente, entonces me dije: los viejos dentro de la casa, resguardados de un posible contagio pandémico ¡perfecto!  Esto es lo ideal para personas de edades avanzadas las cuales agrupan como promedio a uno de cada cuatro cubanos.

Ha transcurrido ya un año desde que apareciera en Cuba la terrible enfermedad y ahora un mundo entero se nos dibuja de otro modo, se pudiera pensar que andamos en un planeta diferente. Ha bastado ese tiempo para conocernos mejor: sentimientos familiares, humanitarios, llenos de preocupaciones y angustiosos días. Esta enfermedad la ha sufrido el país entero.

En este momento, mirar el horizonte trae esperanzas de vida consolidadas. Al inicio, tuvimos que andar con lentitud hasta descubrir paso a pasito los avances y disponerse cada quien a enrumbar los caminos que todos llamamos de la normalidad, el del éxito, ése que tanto hemos añorado por estos días.

A muchos la inseguridad de un posible contagio les ha dejado traumas, porque sometidos al miedo y la ansiedad, al temor y las incertidumbres propias de la hecatombe sufrida, aún están inmersos en una secuela dificultosa. El pueblo cubano es saludable, no quepa la menor duda, pero no es lo mismo cumplir con rigor y disciplina las restricciones higiénico-sanitarias a las cuales no se está acostumbrado, tener que asimilar por sí mismo y discernir los posibles riesgos, identificar dónde está el contagio, el peligro verdadero; cómo convencer a los demás miembros de la familia y la comunidad. Las medidas de precaución llevan aparejadas todo un proceso complejo de comprensión hasta evitar el irse más allá de los límites esa nueva y necesaria actitud.   

El kid de la trasmisión de esta enfermedad consiste en arrancar de a cuajo los peligros. En medio de tales elucubraciones de pronto llega la anhelada etapa de la declaración de provincia libre de activos, de enfermos de Covit-19. La primera fase -de un conjunto de tres- es sinónimo de dar apertura a la recuperación con indicadores pre-establecidos, disciplina laboral, social, escolar; y un control estricto, riguroso, junto a un camino responsable en lo personal y colectivo.

Después llega la fase de recuperación, por último la bienvenida a la normalidad. ¡Ah! Pero se han presentado indisciplinas que produjeron rebrotes y  subieron los “picos” estadísticos; y ahí comienza una marcha atrás al espacio ganado, otra vez recomienzan los caminos andados y hasta con cifras incrementadas de personas activas, enfermas de Covid-19.

Se abren nuevos focos y eventos de trasmisión local, entran en cuarentena viviendas, edificaciones, medidas restrictivas en barrios enteros, ciudades y provincias suben las  tasas  de incidencia por cada 100 mil habitantes; los indicadores demuestran una y otra vez cómo se elevan en muchos territorios del país. Y no queda otra, pasan a tensión máxima los centros hospitalarios, la Defensa Civil y los consejos de administración en todas sus instancias. Se habla de repeticiones y nuevas restricciones. En las provincias y los municipios se  preocupan al máximo y toman medidas drásticas. La gente se inquieta. Esta crisis sanitaria pareciera que no cierra.

Los grupos de jóvenes transitan sin los nasobucos correctamente puestos. Ayer me crucé con una decena de ellos, venían conversando o discutiendo, no sé bien, andaban en lo suyo, y al divisarlos me dije: ¡ahí viene el peligro! Pues estos pueden estar entre los mismos que cada mañana señala el director de epidemiología del ministerio de Salud Pública. Justo pertenecen al grupo etario donde aumentan los contagiados.

Nada más parecido a quienes no oyen las informaciones pero infectan dentro de los hogares a los viejos de las familias, pues estos sin salir de casa son contagiados y enferman hasta fallecer. Muchos transeúntes son  asintomáticos y arman la tela de araña, una y otra vez… es lo de nunca acabar. ¿Qué harán cuando les toque ser padres? ¿Cuidarán de sus hijos como ellos lo hacen ahora con la sociedad?

Pienso en sentido contrario, en el insustituible privilegio de  tener científicos y los médicos que se juegan el todo por el todo para que se nos vaya la Covid-19; imagino los enormes recursos hospitalarios gastados que representa la batalla de cada día a lo largo y ancho del país o en los más de una veintena de laboratorios con los mayores adelantos que analizan miles de costosísimas pruebas cada día…

Invito a que continuemos con decisión avanzando por el entramado difícil de la Covid-19. Pienso ahora en aquella propuesta de los psicólogos al apreciar cómo usted vería este vaso ¿medio lleno o medio vacío? La respuesta depende de su actitud al evaluar la vida: si es optimista o pesimista. Si ve el vaso medio lleno estará conmigo entre los más audaces, pues sé que le ha de llegar el fin a la enfermedad. Ganaremos la batalla y volveremos a ser felices.

 

 

domingo, 17 de mayo de 2020

CUANDO TODO ENTRE EN CAJA

Por: Alberto Enrique


 





Pienso llegar al día cuando se declare Cuba territorio libre de
Covid-19; imagino abrazos, besos, estrechones de manos, alegría,
encuentros, festividades. No es para menos alcanzar el momento de la
normalidad, de la recuperación, cuando todo entre en caja.
No obstante, el pasado 13 de mayo en su conferencia televisiva de
actualización el doctor Francisco Durán García, director nacional de
epidemiología del MINSAP, fue enfático al explicar los conceptos
pandémico y endémico. De este último indicó que sucedería si el mal
decide quedarse entre nosotros y, aunque aplacado, siga rondando entre
algunas personas, nada de ser exterminado. Me digo entonces ¡no
podremos llegar al punto cero! ¡Qué curioso! Pareciera que mi anhelo
de declaración final corre un gran riesgo.
Desde otro ángulo me veo obligado a reflexionar. Entiendo que el gran
esfuerzo de un país entero no se ha perdido, lo contrario. El virus
hizo acto de presencia, fuimos atacados por un enemigo sin rostro el
cual asombraba por su rápida diseminación, nadie en este mundo contaba
con la inmunidad específica para el caso, pero este pequeño país
disponía de un aval de conocimientos como resultado ante otros males
combatidos con anterioridad.
Ahora estábamos ante una enfermedad difícil y nueva. No obstante, las
autoridades gubernamentales desde un inicio le declararon una guerra
total con una premisa básica y objetivo principal: preservar la salud
del pueblo. Se vio una respuesta inmediata en toda la nación ante el
llamado de alerta general y se estableció un trabajo mancomunado entre
las partes comprometidas. Cuba entera respondía en una misma
dirección, cada quien haciendo lo suyo. Era creíble, la Covid-19 no
nos podría vencer.
Se emplearon varios protocolos sanitarios tal como indicara el
tratamiento a seguir según los síntomas que presentara cada enfermo:
medicamentos antivirales, caletra, antibióticos, interferón… Entraba
en juego el despliegue con que cuenta el país salido de su propia
industria farmacéutica, consolidando el talento médico-científico
nacional.
Estuvo bien claro que no correspondía ser portador ni propagador de la
enfermedad, así llegó un pacto con la soledad y el aislamiento entre
las personas para cuidar la salud propia, de la familia y la
comunidad. Además, había que crecerse ante el miedo y la adversidad,
dejar a un lado cualquier situación que condujera a posibles pánicos.
Otro elemento clave en esta batalla ha resultado la atención
preferente a personas mayores de 60 años de edad, a desvalidos, a
embarazadas, y a quienes califican como pacientes con enfermedades
crónicas, pues sobre tales grupos de la sociedad el virus actúa
violentamente.  Y casa por casa se pesquisó con regularidad el estado
de salud de esas personas y sus convivientes; además, se les ha
favorecido con la distribución de un producto homeopático de probada
efectividad que eleva el sistema inmunológico, factor clave ante
cualquier contingencia.
La población fue instruida sobre un conjunto de medidas restrictivas
dado el riesgo real que significaba estar enfermo pues la vida corría
gran peligro, y desde entonces todos salimos al exterior de la
vivienda lo menos posible, empleando nasobucos y lavando las manos
reiteradamente para evitar cualquier contagio. Se reforzaron las
medidas limitadoras: el transporte público fue suspendido y el
comercio regulado. La edad de cualquier grupo social devino factor
determinante porque nadie era inmune a la Covit-19. Razón sobrada para
que la responsabilidad individual tomara cauces de carácter social. El
cumplimiento de la legalidad ha sido otro hecho real.
Todo el país ha estado sumido en pro de disminuir las cifras de
infectados y fallecidos. En cuanto a la curva estadística de la
enfermedad todo el pueblo cubano lucha por alcanzar éxitos, nada de
retrocesos. Hay quienes esperan por vacunas, es lógico, pero ésta
demora, y conviene más seguir aplicando la disciplina y la
responsabilidad social como elementos de valor y práctica fundamental.
La vida sigue adelante, eso lo sabemos, pero es justo mantener la
vigilancia y las medidas establecidas. Por convicción, es preciso
disminuir las horas de exposición a riesgos innecesarios, evitar los
ambientes exteriores cargados de peligrosidad, emplear sin sosiego las
medidas de protección; solo así las cifras bajarán.
Nuestro país continúa expuesto todavía a esta situación de emergencia.
Hay que estar preparados para responder a las necesidades de cada
familia y de toda la población; saber reconocer la intencionalidad
ante la desinformación manipulada desde el exterior; solo con la
participación y la fuerza que nos caracteriza. Ganaremos esta batalla
difícil.
Vale observar ahora el modo en que se comportará la enfermedad en lo
inmediato, pues todavía nada se conoce sobre su inmunidad. En tanto,
el camino continúa porque tampoco hay claridad sobre posibles secuelas
que deje la Covid-19; por todo ello, en Cuba seguirán realizándose
ensayos, valorarán productos nuevos, efectuarán estudios
poblacionales…
El desafío aún es grande, inigualable. Mientras, la unión de los
científicos y los médicos cubanos es indisoluble, laboran con pasión,
van en busca de aplicaciones más efectivas cada día. Más adelante
quizás llegue la vacuna, entonces ¡felicidades!

En dos palabras, esperamos por el momento final a como dé lugar. ¡Aplausos!